lunes, 4 de mayo de 2009

el campo de trigo


El campo de trigo
Me desperté… y estaba en un campo de trigo mas allá avía una figura que yo conocía era “ella” estaba de espalda mirando el horizonte con las manos en la cadera haciendo una pose algo “canchera” al acercarme se dio vuelta mirándome a los ojos me sonrió y se abalanzó como siempre a abrazarme…. Como tanto me gusta a mi. Estábamos solos en un campo de trigo, el sol del medio día caía calidamente sobre nosotros, empezamos a caminar sin rumbo sin cruzar palabra alguna yo disfrutaba de su compañía del sonido de pájaros a lo lejos y una que otra cigarra,
“estoy cansada manu” me dijo con tono infantil
“bueno ven te llevo en mi espalda” ofreciéndosela gustoso… se subió y seguimos rumbo hacia “nuestro destino” caminamos durante un largo rato, el tiempo parecía detenido en ese instante mágico la hora no pasaba… pero yo estaba concentrado en gravar cada instante en mi memoria, disfrutaba muchísimo de su perfume, mientras ella estriaba las manos para tocar con las puntas de los dedos el trigo que le hacia cosquillas lo note por su leve risa cuando lo hacia… me abraso fuerte y me pidió que la bajara
“que pasa?” le pregunte… pero yo ya sabia que era lo que estaba pasando
“no te vallas por favor” esbozó una mirada triste y sincera, no me quería ir
“te prometo volver pronto”… ladeando mi cabeza y dándole una calida sonrisa como su mirada “antes de que me extrañes”
“enserió?”
“si criatura…” le puse la mano sobre la cabeza y le frote cariñosamente y despeinando su pelo castaño claro
“chau manu”……. Abrí los ojos, me desperté dejando a la chica de mis sueños atrás en mi mundo paralelo pero volveré a buscarla para disfrutar de otro hermoso día

domingo, 3 de mayo de 2009

Brenda

Brenda
Brenda tenía el pelo largo largo y negro. Le molestaba mucho su flerquillo porque yo la veía acomodárselo todo el día a través de las dos ventanas que nos separaban. Ella era muy callada y tenía muchas amigas que eran bulliciosas. Sonreía siempre, sonreía mucho y, cuando estaba seria, también parecía que sonreía como si recordara algo feliz o bonito o de colores. Brenda vivía en un mundo mágico dentro de su mente y sus ojos, cansados por las malas noches de insomnio, siempre podrían ofrecer una sonrisa sincera. Cuando yo me di cuenta que Brenda era tan linda, ya era demasiado tarde: ya solo pensaba en ella al llegar a mi casa, en ella y en su pelo largo largo y negro. Yo quería acariciarlo alguna vez pero eso podría ser algo problemático en esa edad. Ella era bonita.

Cuando tenía frío, Brenda cogía sus manos y estiraba las mangas de su sweater para abrigarlas. Su cuello era delgadito y yo lo veía a veces cuando se recogía el cabello o cuando había viento y éste jugaba con aquél. Ella me conversaba de sus gustos y eran sencillos. Colores favoritos, frutas favoritas y el caramelo de limón que no le gustaba y yo siempre lo olvidaba. A ella le gustaban las rosas blancas a pesar de su edad y, a esa edad, yo no sabía cuánto podría costar un ramo de rosas. Brenda entrecerraba con esfuerzo sus ojos café oscuros para ver de lejos y se rascaba la mejilla con su dedo índice mientras hacía una línea recta con los labios. Yo la miraba a través de dos ventanas de lejos. La miraba mirar hacia abajo cuando mandaba mensajes con su teléfono celular. Me miraba y me hacía el símbolo de victoria con los dedos, como si fuéramos a jugar “yan ken po” a la distancia. Yo le sonreía.Llovía esa vez. Era tarde, realmente tarde pero no nos importaba, nos quedábamos conversando de miles cosas. De cómo será el futuro, si los autos volarían o si sería doctora y yo viajero del espacio. A pesar de que habían pasado algunos años, nos gustaba ser niños. Brenda y yo hablábamos de qué nombre le pondríamos a nuestros respectivos hijos cuando “fuéramos grandes”. Yo le pondría “Andrea” a mi hija y ella le pondría “Carlos” al suyo y bromeábamos que estudien juntos en el mismo colegio y fueran amigos como nosotros. Buenos amigos que hablarían de colores favoritos y del almuerzo en el recreo. Brenda y yo teníamos los mismos gustos –a ambos nos gustaba su pelo negro- y por eso nos llevábamos tan bien, solo que no nos dábamos cuenta de muchas cosas en ese entonces. Pero yo me di cuenta, mejor dicho, no me di cuenta por qué no podía enamorarme de ella. Eso pensé mientras llovía pero Brenda seguía hablando y hablando mucho y se reía y se reía y se reía y se…

Ese verano nos vimos una vez no más. Fuimos a caminar. Yo nunca había caminado tanto pero la pasamos muy bien. Era la primera vez que nos veíamos de tan cerca, no a través de las dos ventanas que siempre nos separaban. Brenda me tomaba el brazo mientras yo me sonrojaba y sentía que me iban a sudar las manos y no sé porqué. Esa vez yo aprendí a mirar a una persona mientras se distraía o miraba hacia delante. Yo me decía a mi mismo “adelante no hay nada, si lo único que necesito está a mi lado” pero ella era sorda de mi mente y yo era mudo ante su presencia. Nunca viví un atardecer tan bonito como aquella vez hace tanto tiempo. Yo pensaba que el mundo se iba a acabar pronto porque sentía como si ya no necesitaría nada más en mi vida, solo ese momento cumbre. Pero nada más pasó, solo la hora y se caía el sol y salían las estrellas y la luna. El día acabó y al día siguiente todo volvió a la normal monotonía. A la monotonía de ver su pelo como si fuera un ídolo en una iglesia.Yo nunca me enamoré de Brenda porque en esa época yo aún estaba definiendo lo que el amor era y yo, con Brenda, sentía que nada podía faltarme. Era divertido estar juntos y reírnos de todo y siempre tener algo que decir. Un día Brenda me quiso decir algo importante así que fuimos a caminar al mismo lugar que la primera vez. Caminamos largo rato, como tres horas, y nos sentamos finalmente en medio del centro comercial. Estábamos tan entretenidos que la hora pasó volando y teníamos que irnos porque si no sus padres podrían molestarse así que nos fuimos. Brenda nunca me dijo nada a pesar de que muchas veces, al caminar, se quedaba un poco atrás. Yo volteaba y le decía “apura, apura” ladeando mi cabeza hacia delante. Ella me miraba medio sonriente y se acomodaba su pelo negro hermoso y me alcanzaba para seguir caminando lado a lado.Yo perdí la memoria y no recordaba a Brenda. Nada malo pasó, solo el tiempo, mucho tiempo. No sé cuándo es que Brenda y yo nos separamos. No. No sé cuándo es que nuestros caminos se separaron. Yo no me acuerdo. No sé dónde estará Brenda hoy y si tendrá todavía su pelo largo largo y negro que tanto me gustaba. Ojalá ella se acordara de mí así como hoy me acordé de ella. Me quedé pensando largo rato y no podía volver a dibujar su rostro en mi mente y llegué a la conclusión de que Brenda nunca existió y que, tal vez, solo fue una delusión. Pero así sea solo una delusión, el recuerdo que yo tengo de Brenda nadie nunca me lo podrá arrebatar. El recuerdo de su pelo es un gran recuerdo.