Llueve, la gotera despierta y yo también.
Me remuevo en la cama, me pican las pulgas de mi gato arisco, me rasco, bostezo.
Miro el reloj y no, no es más tarde que ayer.
Tengo los ojos abiertos y la boca seca, sí tan solo la gotera estuviera más cerca.
Me levanto, piso al gato, gruñe, se acomoda, ronca.
Es medio día.
Camino hasta el baño, como si estuviera tan lejos, me veo al espejo, estoy viejo.
El casi veinteañero más viejo, el más soltero, el más desempleado ¿de que generación?
¿De qué asilo?
Tomo agua del mismo vaso que antes de ayer, mastico los mosquitos de anoche, las hormigas de hoy.
Abro la regadera, me quito los calcetines resecos de talco, los pantalones sin bastillar, y las ganas
de dormir siguen ahí.
Suena el teléfono, mierda el piso está frío.
- ¿hola?
-¿por qué te fuiste?
- ¿perdón?
- ¿es lo único que sabes decir?
- Número equivocado
- no, tú eres el que se equivoca Manuel, una y otra vez y siempre pidiendo perdón. Ya no puedo más. ¿Cuándo fue la última vez que dijiste que era la última? Ya no puedo más Manuel, ya no puedo.
Me quedo callado, pensando en que definitivamente no tengo cara de Manuel. Ella solloza, el gato se frota en mis piernas, la gotera se va.
- ya no llueve- digo
- ¿qué?
- llovía, pero ya no.
- ¿ por qué te fuiste?
- es que se…
- y no te atrevas a decir que soy yo la que se equivoca, porque sabes que no es así Manuel. Yo quise que esto funcionara, y bien sabes que si. Cada una de tus pequeñas fallas, Manuel ¿Quién las conoce si no soy yo? Manuel ¿Quién las ignora si no soy yo? Y bien sabes que cada día inventabas una nueva ¡claro que lo sabes! ¿ y alguna vez te dije algo? ¿Alguna vez te reclame? ¿Me fui? No Manuel, yo no me equivoco. Yo no soy la que habla de lluvia.
- disculpe, pero el piso está muy frío y yo no llevo calcetines, debo colgar.
- Manuel, no me cuelgues Manu...
Cuelgo, acarició al gato y piso el charco caliente, olvidé correr la cortina.
Suena el teléfono. El charco crece, suena el teléfono.
- Manuel, no me vuelvas a colgar Manuel, tenemos que hablar
El gato corre y salta el charco, cae, se moja, río.
- ¿de que te ríes?
- el gato se mojó, ya ves lo mucho que le molesta al pobre que lo bañen.
- ¿mojado? Dejaste la cortina descorrida otra vez
- si, ha sido por venir a contestar el teléfono
- ¿has cerrado la llave ya?
-no, pero no importa, el suelo está algo pegajoso, le hará bien
- perdón, se me tiró la leche el otro día y olvidé limpiar
- por eso el gato lamía tanto el piso…
- Manu ¿por qué te fuiste?
- derramaste leche en mi piso y no lo limpiaste
Ella ríe, silencio, el charco crece.
- no seas tonto Manu, se que vas a volver, dejaste tus calcetines acá, los rojos de dedos separados.
silencio. Me imagino con los calcetines, me gustan.
- ¿por qué te fuiste?
- el gato tenía hambre y ya ves que agresivo se pone cuando no le doy de comer
- Manu ¿cuándo vuelves?
- es que el gato…
-tráelo
El charco crece, me moja.
- tengo que colgar
-¿por qué te fuiste?
- porque definitivamente no tengo cara de Manuel
- ¡pendejo!......
Cuelgo. El charco crece. El teléfono suena, suena.