domingo, 22 de enero de 2012

karina

"Yo que tantos hombres he sido, 
no he sido nunca aquel en cuyo abrazo desfallecía 
Matilde Urbach" J.L.Borges. 


Cerró la puerta y con ella se fue la luz, 
se llevó mis vicios, me quedé sin su virtud, 
sentado a oscuras leyéndole los labios pero 
fue traicionero su abecedario, 

a veces agrio, sonando dulce, 
esperando volver a verla en cada cruce, 
sin diccionario, en cada cruz del camino supe que 
su superioridad no hay quién la eduque. 

Se enfrió el café, 
con la cama y otras tantas cosas por hacer 
por el placer de no tener que entender nada, 
de girar la almohada, y allí volver a ver su cara. 

Y yo tan desconocido como su paradero, 
como su cara y su amor, como la cruz del dolor, 
como el fragor del sabor a pasado 
desde la ventana abierta de este corazón cerrado 

por reformas o por derribo
cansado ya de lo que escribo ¿qué te ha pasado? 
el enfado de un día gana al amor de los años, 
no puedo verme en tus ojos cuando los empaño con 

esas lágrimas que son hilos de látigo 
para unos huesos hartos ya de tantos castigos 
¿verdad? 
y la fatiga anidando en el hígado, 
celebrando bodas como Fígaro . 

Cortando por lo sano siendo un enfermo, 
vaciando el bolsillo, llenando el termo, 
llevando dentro el gen y el germen 
esta noche vine a verte, más triste que Werther, 

frío, como el amor de los ángeles, 
como las calles de Brooklyn, 
como las ciudades del revés, 
somos las promesas que se fueron 
y hoy duermen en los ceniceros. ¿Sabes qué? 

nunca te supe, ni me preocupé, 
demasiados ciclones para este pobre vórtice, 
jamás amorticé, una mente tan cara, tan suya, 
deja que huya hacia tu mirada. 

Highway to Hell, destino "ningún sitio", 
golpeando en cada puerta, con los puños de vidrio. 
Los mejores también caen; hombre o edificios. 
Tú elige bien tu precipicio.